GANADERÍA SOSTENIBLE, UN ACTIVO FINANCIERO

Por: Paul Ortiz; email: ecoforma3@gmail.com

Son las 6:00 a.m. en «La Recompensa», un predio ganadero ubicado cerca de Concepción, en la Chiquitanía. La luz del amanecer se filtra entre los árboles dispersos que dan sombra a las pasturas y a las aguas de los atajados. El ganado avanza hacia los bebederos, mientras el sonido de aves rompe el silencio del monte y de los potreros de su ganadería. Para Luis Roca (Pachi), productor ganadero desde hace más de veinte años, esta escena no es casualidad ni paisaje decorativo: es parte de una decisión productiva y económica.

“Antes desmontábamos todo. Hoy entendimos que los montes también es infraestructura”, dice mientras señala una franja de bosque conservado que bordea una quebrada. “Sin agua y sin suelo sano no hay ganado que aguante, y sin eso tampoco hay negocio”.

Durante décadas, la ganadería en Bolivia ha sido asociada a la deforestación y al avance de la frontera agrícola. Sin embargo, en territorios frágiles como la Chiquitanía, comienzan a emerger experiencias que cuestionan ese modelo y proponen otro camino: producir conservando, no solo por convicción ambiental, sino por viabilidad económica de largo plazo.

Producir en un territorio vulnerable

La Chiquitanía es una de las regiones más sensibles del país frente al cambio climático. Sequías prolongadas, incendios forestales recurrentes y degradación de suelos afectan directamente a la actividad ganadera. En este contexto, seguir produciendo como hace treinta años ya no es viable.

“La ganadería tradicional asume que el suelo y el agua son infinitos, pero hoy sabemos que no lo son”, explica Elena Suárez, Ingeniera Agrónoma, especialista. “Cuando un productor degrada su propio predio, también aumenta su riesgo productivo y financiero”; ¿»Como le darían crédito a una persona cuya unidad productiva no tiene agua y suelo sano para sostener su producción»?.

Este cambio de paradigma obliga a replantear la relación entre producción, ambiente y economía. Y es allí donde la sostenibilidad deja de ser un discurso abstracto para convertirse en una estrategia de gestión del riesgo.

 

La Ganadería Sostenible

Es un modelo que busca producir ganado y productos animales de manera rentable, sin degradar el ambiente, respetando a las personas y asegurando la viabilidad económica del sistema a largo plazo.

No se trata de producir menos, sino de producir mejor y con menor riesgo. La ganadería sostenible es aquella que gestiona responsablemente el suelo, el agua, la vegetación y la biodiversidad, de modo que el sistema productivo se mantenga en el tiempo, sea resiliente al cambio climático y no comprometa los recursos de las futuras generaciones.

Infografías 1. Esquema de Ganadería sostenible

«El cambio climático ha convertido a la ganadería tradicional en un modelo de alto riesgo»

Infografías 2. Esquema de Ganadería sostenible

En el predio de Pachi, las prácticas sostenibles no llegaron de un día para otro. Comenzaron hace ocho años, luego de una sequía con incendios que redujo drásticamente su carga animal. “Me di cuenta de que el problema no era el clima solamente, sino cómo estaba manejando el campo”.

Hoy aplica rotación de alta densidad en potreros silvopastoriles con cercas eléctricas, protege las fuentes de agua, conserva islas de bosque nativo y árboles dispersos dentro del sistema productivo y eliminó el uso de ivermectinas en su hato ganadero. El resultado, asegura, no fue una reducción de productividad, sino lo contrario; y el banco me ha ofrecido créditos verdes para desarrollar aun mas mi ganadería.

“Mi gasto en suplementación bajó, el ganado se estresa menos y la mortalidad en época seca casi desapareció, la humedad en el suelo se conserva”, afirma. “Eso se traduce en números”.

La sostenibilidad, en este caso, no aparece como un costo adicional, sino como una inversión que mejora la eficiencia del sistema productivo y reduce su vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos.

La banca empieza a mirar al campo de otra manera

Desde el sector financiero, Carlos Méndez, Licenciado en Economía especialista en finanzas sostenibles, explica que la banca empieza a tener otra mirada, ya no evalúa únicamente balances y garantías físicas.

“Hoy el riesgo climático y ambiental es riesgo financiero”, señala. “Un productor que degrada su suelo, no gestiona correctamente sus fuentes de agua y no aplica técnicas de rotación de potreros de alta densidad; es un cliente más riesgoso que uno que gestiona bien su predio”.

Infografía 3. Esquema: exportaciones de carne Vs deforestación 2021 al 2024

Las exportaciones de carne en los últimos años se han incrementado con China (74%) como destino principal, generando en el 2024 mas de 247 US$ millones de dólares. Rusia, Perú, Ecuador, Vietnam y en septiembre se concretó la apertura de Egipto, además de gestionar el ingreso a Chile; la proyección es de crecimiento, el problema es que esta producción se realiza mayormente en un modelo tradicional que nos ha convertido en el segundo país más deforestador del mundo. Entonces; ¿Por qué seguir financiando un modelo que destruye el capital que garantiza su propia producción?

Pero ahora la mirada de la banca esta en las finanzas sostenibles que parten de incorporar criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) en las decisiones de crédito e inversión. En el sector ganadero, esto implica empezar a valorar prácticas que reducen deforestación, mejoran la gestión hídrica y aumentan la resiliencia productiva.

“Es lógica económica. Un sistema productivo sostenible es estable en el tiempo”, aclara Méndez. Las demandas globales por carne sostenible están causando un cambio en la producción y la banca esta mirando hacia una ganadería sostenible, que reduce la huella de carbono, conserva bosque, los recursos hídricos, la biodiversidad y los aspectos sociales de una unidad productiva ganadera.

En Bolivia, existen bancos que ofrecen productos financieros de créditos verdes enfocados en el financiamiento de proyectos ESG. Sin embargo; falta una articulación con el Estado para lograr que los actores productivos avancen con la aplicación de indicadores de sostenibilidad, estándares y certificaciones internacionales que califiquen el nivel de sostenibilidad de cada sistema desafiándolos a una mejora continua pero a su vez con incentivos preferenciales para estos sistemas productivos sostenibles.

Infografía 4. Parámetros Generales de comparación . Fuente: Estudio de ganadería sostenible; Paisajes Resilientes – GIZ Bolivia, 2022

Para Pachi y otros productores en la Chiquitanía, ese cambio empieza a sentirse. “Hace poco, cuando fui a renovar un crédito, me preguntaron cómo manejaba el agua y el suelo. Antes nadie preguntaba eso”.

A pesar de los avances, la integración entre sostenibilidad y finanzas en la ganadería boliviana enfrenta desafíos estructurales. El acceso a créditos verdes sigue siendo limitado, especialmente para pequeños y medianos productores. Además, la certificación de prácticas sostenibles es costosa y poco adaptada a la realidad local.

“Muchos productores hacen bien las cosas, pero no tienen cómo demostrarlo ni medirlo”, señala Méndez. “Sin información, la banca no puede ajustar sus condiciones”; es necesario implementar indicadores de sostenibilidad locales para medir los procesos y la mejora continua.

A esto se suma la ausencia de incentivos claros desde las políticas públicas, que aún no logran alinear desarrollo productivo, conservación ambiental y financiamiento.

Una mirada técnica desde el territorio

Desde una perspectiva ambiental, el impacto de la ganadería sostenible va más allá del predio individual. Alan Núñez, Ingeniero especialista en gestión territorial, destaca que estos sistemas ayudan a mantener la funcionalidad ecológica del paisaje porque cada predio gestiona mejor las microcuencas que es parte de una subcuenca y consecuentemente de una cuenca, de ahí la importancia de una gestión sostenible de los predios productivos con el enfoque hídrico.

“Cuando se conservan corredores de bosque, se protege la recarga hídrica y se reduce el riesgo de incendios”, explica. “Eso beneficia no solo a la microcuenca, sino a toda la cuenca, es un efecto sistémico”.

Para Núñez, financiar este tipo de producción es una inversión estratégica para el país, en una región clave para la seguridad hídrica y la biodiversidad.

Producir, conservar y financiar: una ecuación posible

A medida que el cambio climático presiona cada vez más a los sistemas productivos tradicionales, la ganadería sostenible aparece como una alternativa pragmática, no ideológica. En la Chiquitanía, donde el margen de error es cada vez menor, producir sin destruir ya no es una opción ética, sino económica.

“El crédito debe premiar al que cuida la tierra”, dice Pachi mientras observa al ganado alimentándose entre la sombra de los árboles. “Porque nadie quiere producir su campo hoy; pero que mañana sus hijos ya no tengan suelo ni agua en su campo”.

La sostenibilidad, entendida como buena gestión del capital natural, comienza así a transformarse en un activo financiero. El desafío ahora es acelerar ese proceso y convertir las excepciones en regla, para que producir y conservar no solo sea posible, sino rentable y financiable.

La banca está dando pasos adelante en este sentido promoviendo financiamientos verdes e incentivando a productores que apuestan a que la sostenibilidad les de visibilidad con un valor preferencial en un mercado que valora el medio ambiente.

CUANDO PRODUCIR Y CONSERVAR EMPIEZAN A TENER UN VALOR CREDITICIO; ENTONCES LA GANADERÍA SOSTENIBLE SE CONVIERTE EN UN ACTIVO FINANCIERO

 

 

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